Mi evento canónico del año fue, tener que estar sentada en el pasillo esperando a que la residente de turno mencione mi nombre, y devuelta por quinta vez volver a decir que te perdí, y que no tengo otra explicación más que dar. Con el corazón en la mano, y mi alma en grietas. Contestando las preguntas casi por inercia, porque no estaba tan siquiera allí, no dimensionaba nada de lo que ocurría a mi alrededor, estuve en modo automático, y daba respuestas a modo de sobrevivencia. Que si, es mi primer embarazo, que si fue mi primera pérdida. Escuche los típicos consejos de que soy joven, que vendrán tiempos mejores, que puedo seguir buscando tener otro bebito, que puedo seguir tratamientos e incontables consejos que he escuchado en todas esas idas y vueltas con un nudo enorme en la garganta y lágrimas que ya no me salían de tanto llorarte, de tanto implorar que otra sea nuestra historia, porque no sabes cómo te anhelaba, como contaba los días porque dejaras de ser semillita, como espe...
La tristeza cohabita entre éstas paredes En cada noche la realidad me oprimía Se me hundía el pecho tanto como si pudiera atravesar el colchón No podía respirar No podía dormir Daba vueltas y vueltas Y no me hallaba en ningún rincón No podía estar en silencio Me hundía cada vez más e intento con fuerza encontrarme en aquellos recuerdos en los que me sentía segura junto a vos, En dónde creía en imposibles porque sentía los latidos de tu corazón Quisiera que estés aquí para ver si los malos ratos se esfuman Y así encontrar mi refugio en tu piel una vez más Quisiera que estés aquí así compartir el silencio de otra noche más, en dónde tus fantasmas se van de paseo y disfrutas de sentirme sin miedo
Fui a la iglesia y Dios no estaba para oír mis penas, para escuchar aquella que me acongoja el alma, se que oye mis penas, mis dolores, y aflicciones. Sé que observa mis tropiezos, mis errores y a veces las maldades que cometo por inércia. Sabe que no cargo con maldad en el alma, ni venganza, ni orgullo. Sabe que he sufrido lo suficiente, y he logrado salir de ello con la enfrente en alto y el corazón partido. Sabe que he dudado tantas veces de él, y que lo he llamado el Dios cíclope ausente, que no ha logrado ayudarme, cuando más lo he necesitado, cuando más he rogado por él. Sé que también sabe que pese a eso, confío en su ausencia, y que de seguro a sabido guiarme, aunque ni lo haya visto, ni sentido, como muchos lo han comentado. Y entre más y más lágrimas, sé que me oyes, y oyes mis súplicas. No te veo por éstos pasillos, ni te siento, ni siento la paz que debería sentir por estar hoy aquí. Pero no te culpo, quizás no soy aquella indicada, ...
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