Un menú y el rompimiento
Ni siquiera tuve el valor de detenerte, de pedirte una vez más que te quedaras. Que si te ofendí no fue mi intención, que ni siquiera lo hice, fue una pregunta muy simple y fácil de responder. Me contradigo bastante es que la bronca es grande, todo esto aún me afecta. Pagué el vino que tenía y me fui del lugar. La noche era bastante hermosa y con un poco de coraje pedí un taxi de regreso a casa. Hay días en que me despierto y la cama se vuelve tan grande que no puedo encontrarte en ningún rincón, desearía verte durmiendo a mi lado, ver tus gestos y ese suspiro quebrado que de vez en cuando das o sólo pudiéndote observar, porque siempre soy la primera en despertar, si tu vida dependiera de dormir, con gusto lo harías. Y a mí, si me pagaran por mirarte, lo haría con aún más ilusión. La habitación está más silenciosa que nunca, el resplandor del sol entra entre las rejillas de la ventana. Tendré que deshacerme de tus cosas que aún están aquí y no te has dignado a buscarlas, necesito...