Conocí a ese alguien, que hubiese sido capaz de bajarme la luna y las estrellas, si se lo pedía. Ponía el mundo a mis pies. Me demostraba que era su prioridad. Me sostenía cuando decaía, fue él, quién estuvo en primer lugar cuando las cosas se ponían mal, encontraba soluciones y me rescataba del abismo al que me sometía yo misma. Cuidó de mí, como nunca nadie lo había hecho antes. Me entregó su corazón en una cajita de cristal. Y yo, yo simplemente no supe qué hacer con tanto, decidí alejarme sin decir más. No quisiera herir los sentimientos de alguien que por mucho tiempo intentó hacerme bien. No quisiera arrastrarle, sabiendo que a veces ni siquiera sé lo que quiero realmente. Me alejé tan lejos como pude, huí como quién huye de su oscuro pasado. No me cuestiones, ser impredecible no es mi afán. Ya sé, estoy llena de complejos, pero ya ni siquiera me pone mal el haberme perdido de tantas cosas buenas, ni el hecho de que me aferro tanto a lo malo. Hoy, ahora, en este preciso inst...